Citizen

Chapter 5 - El archivo escondido detrás de la morgueHelen seguía viva.

Había fingido parte de la escena con ayuda de Carla para protegerse.

La sangre provenía de una muestra controlada.

La desaparición permitió observar quién intentaba localizarla.

Cole llamó a Pike.

Pike llamó a un guardia del hospital.

El guardia intentó entrar a la morgue.

Fue arrestado.

Confesó que Cole buscaba un servidor escondido.

Jorge había instalado una copia automática de los registros farmacéuticos detrás de una pared de la morgue.

La llave bancaria contenía un mapa.

Los agentes retiraron una placa metálica.

Encontraron un disco duro.

Allí estaba todo.

Inventario original.

Inventario alterado.

Usuarios.

Cámaras.

Correos.

Durante cinco años, Cole había dirigido una red con farmacéuticos, administradores, seguridad y proveedores.

Helen colaboró al principio falsificando horarios.

Después intentó salir.

Cole la amenazó con acusarla.

Jorge reunió pruebas.

Murió antes de entregarlas.

La grabación del estacionamiento mostró su coche.

Otro vehículo lo siguió.

Pertenecía a Samuel Pike.

Pike pidió protección.

Admitió que un hombre de Cole manipuló los frenos.

La fiscalía añadió asesinato.

Dileia encontró además un video de la noche en que su madre empeoró.

Una enfermera pidió el antibiótico correcto.

El farmacéutico respondió:

—Cole retiró ese lote.

—La paciente lo necesita.

—Use el reemplazo.

El reemplazo era solución diluida.

Dileia vio a Maribel en la cama.

Delgada.

Asustada.

Preguntando por su hija.

No pudo terminar el video.

Adriano apagó la pantalla.

—No tenía permiso —dijo ella.

—No.

—Entonces no vuelva a hacerlo.

—Está bien.

Ella lo miró.

—¿Por qué me escucha?

—Porque dice exactamente lo que quiere.

—La mayoría de la gente no lo hace.

—La mayoría teme las consecuencias.

—¿Y usted no?

—Sí.

La respuesta la sorprendió.

Adriano no era invulnerable.

Solo había aprendido a ocultar miedo mejor que otros.

La investigación también reveló por qué él estaba conectado.

Una clínica clandestina había vendido medicamentos diluidos a uno de sus hombres.

El hombre murió.

Adriano llevaba meses buscando la fuente.

Cole creyó que podía comprar su silencio.

Ambos habían perdido a alguien por la misma red.

La diferencia era poder.

Adriano tenía hombres, dinero y nombres.

Dileia tenía una placa de enfermera y diecinueve dólares.

Pero solo ella conocía el hospital desde dentro.

Juntos podían identificar la estructura.

Dileia impuso condiciones.

Toda evidencia iría a Carla.

Ningún testigo sería amenazado.

Adriano no se acercaría a Noah sin permiso.

Él aceptó.

—¿Por qué?

—Porque si rompo sus condiciones, perderé la única persona en este caso que no quiere nada de mí.

—Quiero justicia.

—Eso es algo.

—No para mí sola.

El disco duro permitió arrestar a catorce personas.

Cole escapó antes de la redada.

Utilizó una ambulancia privada.

Su destino era desconocido.

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Pero antes de huir, dejó una última orden.

Destruir a Dileia.

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